Con el sexo psicosocial hacemos referencia a aquellos aspectos que tienen que ver con el proceso psicológico, de socialización, educacional, cultural,..., que abarca desde el momento del nacimiento hasta el último momento de vida, y en consecuencia al género, a los diferentes roles de género o roles sexuales que el niño y la niña van asumiendo a lo largo de toda su vida y que les lleva a comportarse de forma diferente el uno de la otra.
Consiste en una serie de adquisiciones en los distintos procesos. Adquisiciones que van a ser diferentes y características de cada una de las etapas evolutivas.
Hablaremos de la sexualidad desde el punto de vista evolutivo a través de las distintas etapas, por tanto dedicaremos un capítulo a la sexualidad infantil, otro a la sexualidad en la etapa adulta, a la sexualidad en la vejez, y otros capítulos que tienen que ver con las adquisiciones en la pubertad-adolescencia.
En primer lugar, se adquiere la identidad de género o sexual y más tarde se adquieren las conductas acordes con dicha identidad. Los roles de género o sexuales reafirman la propia identidad de género o sexual. Este proceso se lleva a cabo por medio del aprendizaje por observación e imitación de los modelos que rodean al niño/a, entre los que se sitúan el padre/madre, en los primeros años de vida, otros adultos, y ya en la etapa de la escolarización, los maestros/as, y demás compañeros/as. La importancia que se les da a unos u otros, varía en función del momento evolutivo en que se encuentra el sujeto, así, en la adolescencia estos modelos son fundamentalmente los amigos/as, ídolos, o aquellas personas a las que admiran, dejando un poco de lado a los padres/madres.
Lo que está claro es que los roles se aprenden, se modifican, incluso en la misma persona a lo largo de su vida, siendo más rígidos en la infancia y más flexibles a partir de la adolescencia. Este proceso se conoce como tipificación sexual.
Los roles sexuales o de género, se basan en estereotipos que se adoptan y por ello en la infancia se hace de forma más rígida para después flexibilizarlos y adaptarlos a nuestra propia identidad sexual o de género. Muchas veces son los propios padres/madres los que fomentan estos estereotipos, por su forma de comportarse de manera diferente con sus hijos que con sus hijas, lo que les da a entender que son diferentes, que tienen privilegios y obligaciones distintas. Esto se hace presente sobre todo si los padres/madres tienen a su vez unos roles de género rígidos, como los que se dan en las sociedades tradicionales.
De todos es sabido, que los roles cambian de unas sociedades a otras y también dentro de nuestra propia cultura, como hemos podido comprobar en las últimas décadas. Los roles que hoy desempeñan los hombres y mujeres adultos no tienen mucho que ver, en la mayoría de los casos, con los que desempeñaron sus padres/madres y abuelos/as.
Los roles de género y otros roles sociales, es decir, las formas de comportarnos socialmente, se aprenden, y es en función de esos conocimientos como aprendemos a comportarnos en nuestras relaciones interpersonales.
El proceso de adquisición de los roles sexuales nos lleva a formarnos nuestro propio autoconcepto, del que también hablaremos más adelante. Es una teoría que aprendemos acerca de nosotros/as mismos/as, de cómo comportarnos socialmente, que nos diferencia de los demás y nos hacen únicos e individuales.
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